Advertencia: la siguiente crítica contiene spoilers de El asesino del juego de citas y trata temas sensibles como la violación o el asesinato.
El asesino del juego de citas incurre en esta curiosa moda de adaptar a la gran pantalla o a formato televisivo la vida y ejecuciones a sangre fría de un asesino en serie. Este principio lo hemos visto en gran cantidad de productos audiovisuales. El ejemplo más claro y reciente que se me ocurre es la serie de Dahmer de Netflix, que relata la historia y el descenso a los infiernos de uno de los asesinos en serie más crueles, sádicos y retorcidos que ha conocido Estados Unidos. Dahmer fue un boom absoluto y dio mucho de lo que hablar.
Aunque me gustó la serie y me otorgó una perspectiva interesante del entorno de Jeffrey Dahmer, como sus padres, sus amigos de la secundaria y sus relaciones amorosas, e hizo un muy buen trabajo al hablar de las víctimas, algunos capítulos fueron tan innecesariamente gráficos, que, me retorcieron el estómago y me obligaron a retirar la vista de la pantalla. Con El Asesino del Juego de Citas esto no ocurre. No se aproxima ni de lejos a los niveles de crudeza a los que se atrevieron a llegar con Dahmer. Lo que, en mi opinión, es algo bastante positivo.
Personalmente, y como buena adepta del true crime que soy, no me molesta que hagan cine o series de esos tópicos. Sí que creo que debe de hacerse con una sensibilidad suprema, un cuidado excepcional y un respeto clarísimo hacia las víctimas y sus familiares. No se puede perseguir el éxito, la fama y el dinero con estos proyectos basados en hechos reales, sino el resaltar, alumbrar y expandir la historia de aquellos que tuvieron la mala suerte de cruzarse en el camino de un psicópata sin escrúpulos.
El Asesino del Juego de Citas no trata de presentarnos y de que empaticemos con la figura de Rodney Alcala, que, repito, fue un asesino real. A mi modo de ver, narra los aspectos de una trayectoria de injusticias, incompetencia policial y de “vistas gordas” por parte de los responsables de la ley, que deberían de haber actuado como los ciudadanos esperaban de ellos. No es ni mucho menos un peliculón, pero tampoco creo que trate de serlo. Simplemente, busca contar una verdad y, en eso, realiza un trabajo impecable.
La película ha sido dirigida por Anna Kendrick, constituyendo su primer esbozo como directora. Este descubrimiento me chocó bastante, ya que yo recuerdo a Anna Kendrick interpretando a Jessica en la Saga Crepúsculo o a Beca en Pitch Perfect (Dando la Nota). Kendrick es una actriz fantástica y también canta de fábula. Sin embargo, sus dotes en la dirección no tienen nada que envidiarle a sus otros talentos. Además de dirigir, Anna interpreta el rol protagónico de Sheryl Bradshaw, de quien hablaremos más adelante.
Woman of The Hour se estrenó el 8 de septiembre de 2023 en Estados Unidos. Actualmente, en España se encuentra disponible en el catálogo de Prime Video. Entra en los géneros de drama, suspense y true crime. El guion de la película corresponde a Ian McDonald y la música a Dan Romer y Mike Tuccillo. El filme tiene una duración total de una hora y treinta y cuatro minutos.
¿Por qué los chiflados son los más carismáticos?
Esta es una pregunta que me he formulado en reiteradas ocasiones a lo largo de mi vida. Especialmente, en casos de asesinato, abuso y/o abducción. No es un secreto que parece que todos los acontecimientos de este tipo ocurren en Estados Unidos. Tal vez sea porque es un país gigante y que, al menos, desde nuestra perspectiva, supera veinte veces en tamaño a España.
Basándonos en la película, si tomamos el personaje de Rodney Alcala y excluimos la parte de asesino, violador y tarado, es un hombre simpático, carismático, amigable y charlatán. Es alguien que se adecúa, modula y adapta a las personalidades de los demás. Digamos que tiene un estándar, un modus operandi si te parece más exacto o clínico. Ha establecido un patrón, una forma de comportarse y de actuar para atraer a sus víctimas.
Primero se fija en una mujer, que suele ser la típica damisela en apuros o en una que esté sola y dé el perfil de débil a sus ojos. Después, se ofrece a ayudarla, se interesa por sus aficiones, sus sueños, su vida y sus problemas personales. Por último, empieza a alagarla e insiste en hacerle fotografías, ya que se presenta como fotógrafo de profesión. Ese es el punto en el que todo se tuerce y, generalmente, acaba violando y estrangulando a su víctima.

Mi primer pensamiento cuando vi la película fue “qué tipo tan simpático” o “qué buena persona”. Antes de que alguien se me eche encima, quiero recalcar que yo tenía conocimiento del caso de El Asesino del Juego de Citas, pero no conocía la descripción física de Rodney Alcala. Si hubiese sabido cuál era su apariencia, habría distinguido perfectamente que se trataba de ese “tipo simpático”. Siendo sinceros, pienso que es la impresión que generaría en cualquiera y que era lo que Anna Kendrick y su equipo buscaban lograr en la audiencia.
Ese es el appeal, la característica que destaca a este sujeto y a otros muchos que comparten sus mismas patologías. Las mujeres a las que conquista caen en sus redes como si fueran las más flexibles y cómodas de una araña que trabaja hasta la extenuación. Como toda presa que cae en la trampa de un depredador, antes de que él ejecute el golpe final empiezan a ser dominadas por esa sensación de peligro, de alerta y de querer salir corriendo. La principal conclusión que he sacado de esta película es a no confiar en extraños que se ofrezcan a tomarte fotos o a conducirte a un sitio apartado, porque las vistas son mejores. Estas dos cosas son red flags del tamaño de una catredral.
Una actriz en ciernes
Sheryl Bradshaw (Anna Kendrick) es una mujer joven que aspira a ser actriz y que se ha mudado recientemente a Los Angeles. Tiene una agente que le consigue pruebas bastante mediocres para lo talentosa que es Sheryl. Se nota que a Sheryl le importa la calidad de su trabajo y que cuenta con una sólida base de principios, cuando realiza una audición e impresiona favorablemente a los jueces. Sin embargo, en el momento en que le preguntan si hace desnudos y se niega, pierde por completo el interés en la obra. Su agente insiste en que acepte el trabajo y en que han quedado entusiasmados con ella. Pero, Sheryl, sin ofrecer mayores explicaciones, rechaza la oferta.
Su vecino y único amigo es Terry (Pete Holmes). Terry es un tipo ordinario y corriente, amable, considerado y dispuesto a escuchar a su amiga. Es evidente que Terry siente algo más que amistad por Sheryl, aunque no creo que ella le corresponda. Tampoco me parece que la única intención de Terry sea llevarse a Sheryl a la cama. A pesar de los pensamientos indebidos, la atracción y los sentimientos intrusivos, Terry se preocupa genuinamente por Sheryl y desea que triunfe en el mundillo de la interpretación.
Una noche, Sheryl y Terry salen a tomarse unas copas en un bar y a conversar sobre la vida. La situación escala al punto de hablar sobre sus vacías vidas amorosas, relaciones fallidas y ambiciones frustradas. Ambos terminan acostándose y las cosas se tornan bastante incómodas. Pasarán de ser amigos y de mantener un estrecho vínculo a ni mirarse en el rellano. Tristemente, esto queda como una amistad irrecuperable, ya que, cuando Sheryl abandona California para siempre, ni siquiera se despiden.
La agente de Sheryl le consigue una aparición en el exitoso programa Juego de Citas, presentado por Ed Burke (Tony Hale). El show trata de alguien soltero, ya sea mujer u hombre, que acude buscando pareja y tiene que escoger entre tres candidatos. El protagonista, en este caso Sheryl Bradshaw, está a un lado de la cortina y los tres solteros al otro lado. Sheryl debe realizar preguntas, previamente estudiadas, redactadas y planificadas al milímetro, a sus pretendientes. Con lo cual, el programa está guionizado. Como Sheryl no tiene nada que perder, a la vuelta de una pausa publicitaria se sale del guion y empieza a preguntar lo que le place. Cosa que desagrada tanto a su agente, como al presentador y a los productores.

El soltero número uno, interpretado por Matt Visser, es bastante idiota y se nota que no tiene demasiadas luces. El soltero número dos, interpretado por Jedidiah Goodacre, se parece al primero y solo está interesado en llevarse a su cita a la cama y en que esta posea una delantera considerable. Sin embargo, el soltero número tres no es superficial, resulta culto, inteligente y una conversación fructífera. Este es el que más despierta la atención de Sheryl. Se trata, nada más y nada menos, que de Rodney Alcala (Daniel Zovatto). Es capaz de argumentar, debatir y responder a las preguntas de Sheryl, como; ¿cuál es la diferencia entre un hombre y un niño?, o ¿qué se debe hacer con una mujer?
Sheryl, como tantas otras mujeres antes que ella, queda impresionada y deslumbrada por la retórica de Rodney. Al final, acaba escogiendo al soltero número tres como su cita y ganan un viaje juntos a Carmel. Aunque, queda más que claro que ella no está interesada en ir al viaje o en mantener un idilio amoroso con Rodney. Cuando termina el programa, él insiste en que vayan a tomar algo y ella accede. Esto, al parecer, es fabricación y licencia creativa de la película, ya que la Sheryl y el Rodney reales jamás llegaron a interactuar más allá del programa.
En la ficción de El Asesino del Juego de Citas se marchan a un restaurante a cenar. Al principio puede parecer que Sheryl se interesa por él o con la idea de una relación. Pero, antes de que termine la cena, deja en evidencia sus intenciones. Explica que es actriz y que su paso por el programa no fue motivado por una búsqueda empedernida del amor, sino para ganar visibilidad mediática. Esa confesión disgusta profundamente a Rodney y se olvida de las apariencias durante un rato. Dice algo bastante revelador y que arroja luz sobre su personaje y es que, según él, las personas siempre portan máscaras y ocultan su verdadera identidad tras ellas. Mientras que, él, se muestra tal y como es en todo momento. Irónicamente, esto es falso, ya que él es quien se disfraza con la máscara más grande de todas.

Sin embargo, a estas alturas de la película, Rodney saca a relucir la faceta del asesino y Sheryl empieza a sentir miedo. Es evidente, porque las trazas de sonrisa se borran de su rostro, la amabilidad y gentileza se esfuma de sus ojos y cualquier fanfarria de teatro se detiene. Ya no le interesa la conversación, ya no finge ser alguien excesivamente agradable y común, ya no quiere conocer a Sheryl. En el instante en que ella expresa rechazo, él parece caer en ese viejo estereotipo masculino de que «todas las mujeres son iguales» y se decepciona.
No es un hecho aislado, porque esto le ocurre con varias víctimas que expresan su deseo de irse y de alejarse de él. Parece que, o Rodney tiene un miedo terrible al abandono, o tiene traumas con eso de que las mujeres le rechacen. Esto me lleva a un pensamiento que define al Rodney de la película a la perfección; no te das cuenta de lo que es ser normal hasta que ves a una persona que aparenta ser normal.
Un asesino a plena luz del sol
La película te explica con pelos y señales que Rodney Alcala no es un tipo precisamente cauto o que se moleste en ocultar lo que hace. El Asesino del Juego de Citas salta a través del tiempo en los años setenta, que fue cuando el asesino estuvo en activo. Primero, nos situamos en Wyoming en 1977. Rodney está fotografiando a una chica oriunda de Texas en un desierto. La chica explica que se encuentra en Wyoming porque su exnovio y ella planeaban visitar los cincuenta Estados juntos. Resulta que la mujer estaba embarazada y que el padre de la criatura la abandonó. Ella tenía sus sospechas de que su expareja era alguien problemático, pero decidió ignorar su intuición. Rodney se acerca a ella con lentitud y hace algo bastante extraño. La estragula para después resucitarla mediante el boca a boca y la vuelve a matar.
Los años por los que va saltando la película no están en orden cronológico. Supongo que se encuentran dispuestos así a propósito para que el espectador entienda mejor la historia y se forme un concepto del asesino y de la persona como seres individuales. De 1977 pasamos a 1971 en la ciudad de Nueva York. Una mujer está reformando y pintando su apartamento. El camión de mudanzas le deja todos los muebles en la calle, entre ellos algunos imposibles de mover por una sola persona. La mujer se ve obligada a pedir ayuda a un extraño que está fotografiando el entorno. Rodney Alcala carga con el mobiliario de forma servicial y resuelta. Luego ella le invita a una cerveza mientras debaten sobre cine.
Rodney actúa tan amable, coloquial y cercano como de costumbre. Hace un comentario sobre la escasa probabilidad y casualidad de haberla conocido y ella retrocede. Se nota que a la neoyorquina no le interesan las relaciones ni los amoríos. Seguramente, habrá visto en Rodney una conversación amena, un amigo fácil y una distracción, pero no un amante. Ella le echa de forma sutil. Se levanta con la excusa de tener que ordenar todo el desastre y le dice que debería irse. A Rodney le cambia la cara por completo. Como hemos estipulado, en cuanto su víctima expresa rechazo, Rodney pierde el control.
Puede verse la cólera trepando por su rostro como una enredadera y la faz del loco que mata por placer y por amor al arte, emergiendo. Se pone muy serio de forma abrupta y ya sabes que esa mujer va a morir. La víctima ha aterrizado en el regazo de Rodney por mala fortuna o tal vez él ya le estaba siguiendo la pista. El caso es que se enzarzan en una pelea y él termina ahorcándola, enterrándola y haciendo fotos de su cadáver.

Retornamos al presente y descubrimos que, entre el público de Juego de Citas, hay una mujer que reconoce a Rodney Alcala. Se trata de Laura (Nicolette Robinson). Laura recuerda a la perfección un escenario de una fiesta en la playa con una fogata y música de ambiente en el que dejó a su amiga en compañía de un hombre. Su amiga apareció muerta la mañana siguiente y el caso jamás se resolvió. Laura proporcionó una descripción física del extraño a la policía y los oficiales hicieron lo que mejor saben hacer; ignorar la denuncia y no remover el barro. Ella identifica al soltero número tres e intenta advertir a su pareja, que la hace quedar como una auténtica lunática, y a los productores del programa, que no la toman en serio.
Experimenté mucha tensión en este momento de la película. Solo era capaz de pedirle al personaje de Laura que huyese de allí y se alejase de él. Pero, Laura demuestra ser una mujer más valiente que yo y que todo el cuerpo de policía y trata de ayudar a Sheryl. No consigue hablar con los responsables de la cadena o de la dirección de Juego de Citas. Así que, al día siguiente, opta por acudir a la comisaria. De nuevo, la policía hace caso omiso de su denuncia y del avistamiento del presunto asesino. Laura se enfada y se marcha. Yo me conformo con saber que no muere.
Retrocedemos a 1977 otra vez. En esta ocasión, presenciamos el trabajo de Rodney como fotógrafo en Los Angeles Times. Rodney Alcala es el tío enrrollado de la oficina, el vanidoso y petulante con una imperiosa necesidad por destacar y llamar la atención de sus colegas de trabajo. Rodney se dedica a fardar y presumir de falsedades, a mostrar fotografías que, en una probabilidad del noventa y nueve por ciento de cien, serían de sus víctimas. Queda claro que Rodney Alcala es un actor a tiempo completo, que finge desde que se bebe el café en el desayuno hasta que cierra los ojos al irse a dormir. Sin embargo, por más que pueda embaucar a todos, no puede engañarse a sí mismo.
Rodney pone en el punto de mira a un chico joven que es nuevo en el periódico. Demuestra que no le importa la sexualidad de sus potenciales víctimas, ya que le invita a modelar para él. No sé qué características busca Rodney en las personas que despiertan su interés, pero me atrevería a decir que la vulnerabilidad, la fragilidad, la torpeza y la indecisión. El chaval accede, aunque se nota que lo hace por compromiso más que por gusto. Entonces, unos agentes de policía entran en el edificio para hablar con Rodney. Él justifica ante sus compañeros que le robaron en casa la semana pasada y que la policía está llevando a cabo una investigación.
Aunque de esa conversación no se nos muestra nada, sí que nos recalcan que Rodney se pone nervioso cuando los policías se van. Finge bastante bien delante de ellos, pero, una vez se encuentra a solas, se encierra en el baño y pierde ligeramente los estribos. El chico nuevo está en uno de los cubículos del baño y escucha a Rodney maldiciendo en voz baja. Le suelta una excusa para posponer su plan de modelaje y consigue salir airoso de la situación. Se salva de milagro, ya que, si hubiese aceptado, habría acabado siendo otro cadáver más en la extensa lista de Rodney Alcala.

A la par que nos exponen la trayectoria de Rodney como asesino, nos contextualizan en la historia que supondría su arresto definitivo. En 1979, Rodney se fija en una jovencita de nombre Amy (Autumn Best) de quince años, que ha huido de casa y sobrevive vagabundeando. Él halaga su belleza y pone en marcha su modus operandi. Le hace diversas fotos y le pide que le acompañe a una zona con vistas espectaculares. La fecha coincide con el día de San Valentín. Van juntos por carretera al típico lugar desértico y aislado al que le gusta conducir a sus víctimas. Rodney ataca, viola y cree haber matado a Amy.
Sin embargo, Amy no está muerta. Se encuentra muy malherida, entumecida y sobriamente consciente de la gravedad de la situación. Amy sabe que Alcala ha abusado de ella y que va a finiquitar su intento de asesinato. Le sorprende llorando desconsolado a su vera y, utilizando la psicología a su favor, le pide que guarde el secreto, ya que le ocasionaría mucha vergüenza que alguien se enterase de lo ocurrido, porque «ya sabes cómo es la gente«. Le convence de que se marchen de allí y ambos montan en el coche.
Rodney se detiene en una gasolinera a repostar y Amy aprovecha el momento para escapar y alertar a las autoridades. La tranquilidad, frialdad y control que mantiene esta chica en todo momento, considerando que acaba de ser violada, golpeada y prácticamente asesinada, me pone la piel de gallina. Cuando Rodney sale de la estación de servicio, se escuchan las sirenas de policía y él es consciente del terrible error que ha cometido. Le arrestan y Amy vive para ver un nuevo día.
Conclusión
El final no es malo. Al menos, en lo que respecta a las consecuencias y cargos para Rodney Alcala. Sin embargo, la policía, los jueces y las leyes vuelven a demostrar su incompetencia y este hecho les cuesta la vida a una niña de doce años y a una mujer de veintiuno. Rodney vuelve a ser arrestado y se le condena por el asesinato de siete mujeres. Se estima que la cifra real y escalofriante de sus víctimas alcanza las 130. Rodney Alcala moriría en prisión en 2021. No saldría jamás de la cárcel, a pesar de intentar optar a la condicional. Sheryl Bradshaw abandonaría para siempre el foco de la interpretación y se dedicaría a llevar una vida tranquila, discreta y familiar.
La película me deja con un regusto amargo. Por un lado, hace un buen trabajo en retratar las atrocidades y los desprópositos de Alcala. Por otro, me embarga una sensación de rabia e impotencia al ver que sus crímenes quedaron impunes durante tanto tiempo. Muchas de las muertes de esas mujeres podrían haberse evitado si las autoridades se hubiesen dignado a tomar en cuenta las declaraciones y denuncias de los ciudadanos. Creo que el mensaje de la cinta, más allá de tratarse del gratificante castigo y destino en prisión para el asesino, es una crítica a la inacción.
Si tan solo un policía se hubiese levantado del escritorio, salido del despacho y montado en el coche patrulla, tal vez esas familias no tendrían que llorar la muerte de sus hijas, hermanas, primas, nietas o sobrinas. Estamos hablando de una década de asesinatos indemnes para el responsable y de varios testimonios de supervivientes y de personas que señalaron a alguien con las características y rasgos de Rodney.
En lo personal y moral, no quiero calificar El Asesino del Juego de Citas como una buena o mala película. Solo quiero expresar mi coraje con que ciertas personas permitiesen que esa situación alcanzase unos límites imperdonables. El asesino fue atrapado y enjuiciado, pero eso jamás retornará a las víctimas la vida de la que habrían gozado si no se hubiesen cruzado en el camino de Rodney Alcala.