Atención: la siguiente crítica contiene spoilers y está fundamentada en opiniones personales.
Adolescencia (Adolescence) es un título muy reciente de Netflix. Se estrenó el 13 de marzo de 2025 y tiene cuatro episodios, cuya duración ronda los cincuenta minutos. Se trata de un thriller con tintes de drama que no te dejará indiferente. La temática que presenta es bastante cruda y reflexiva. Es una serie diseñada para que te hurgues la sesera y extraigas tus propias conclusiones. Te expone los hechos fríos y tajantes y tú decides con qué personaje quieres empatizar, ya que todos tienen sus luces y sus sombras. El argumento va de menos a más. Empieza con el caótico arresto de Jamie Miller, a quien se acusa de haber acabado con la vida de una compañera de clase, y la trama se desarrolla con buen ritmo y coherencia.
La serie fue creada y escrita por Jack Thorne y Stephen Graham, quien también interpreta a Eddie Miller, el padre de Jamie. La dirección corre por cuenta del británico Philip Barantini, que ha trabajado dirigiendo otros proyectos, como; «The Responder» o «Acusado«, y actuando en otros, como; «Band of Brothers» o «Chernobyl«. Los aspectos técnicos, directivos y de filmación son singulares. Cada capítulo de Adolescencia está filmado en plano secuencia, es decir, en acción continua sin que se produzcan cortes. Esto aporta mucho valor y encanto a la serie, ya que le proporciona un aire de continuidad y sucesión que hace que sigas más de cerca a los personajes.
La detención
El primer capítulo de Adolescencia empieza muy fuerte. La policía británica irrumpe en la vivienda de los Miller con una orden de arresto para el pequeño Jamie Miller (Owen Cooper). Jamie tiene tan solo trece años y una apariencia física bastante común para su edad. Es de estatura promedio, delgado y sin un cuerpo especialmente musculoso o fornido. Los agentes de la ley tumban la puerta y entran como un huracán, como potros desbocados. Da la impresión de que van a detener a un tirador certero y peligroso o a desarticular una banda criminal. Sin embargo, la realidad es que están allí por un crío de trece años, recién embarcado en la pubertad.

La madre de Jamie, Manda Miller (Christine Tremarco), llora desconsolada mientras grita que su hijo no ha hecho nada, que ha estado en la cama toda la noche. Su padre, Eddie Miller (Stephen Graham), no entiende la magnitud de la situación y piensa que ha sido una confusión por parte de la policía. La hermana mayor de Jamie, Lisa Miller (Amélie Pease), observa la escena desde el suelo del baño. Pero, por más que pataleen, protesten y vociferen, el inspector Luke Bascombe (Ashley Walters) y sus subordinados se llevan a Jamie detenido.
Una vez en la comisaría, encierran a Jamie en una celda y le ofrecen una bandeja con desayuno. Considerando que son las seis de la mañana, el chico no ha tenido tiempo de lavarse los dientes, peinarse o llevarse un pedazo de pan a la boca. El acusado queda a la espera de que la enfermera le saque sangre y le haga un reconocimiento para valorar si es apto y está en condiciones aceptables para el interrogatorio. La única directriz e información que reciben sus padres es que deben tener paciencia y aguardar, ya que su hijo se enfrenta a unas acusaciones bastante duras.
Jamie repite una y otra vez que es inocente, que no ha hecho nada y que han cometido un error al arrestarle. Owen Cooper le confiere una convicción y un realismo tan fieles y creíbles a su personaje, que tú de verdad piensas que Jamie no ha roto un plato en su vida. Mis primeras emociones son rabia e indignación. ¿Cómo pueden tratar así a un niño de trece años? ¿Acaso es legal que le encierren, acusen e interroguen sin consentimiento y supervisión parental? Es un crío. No tiene sentido que se le aplique la misma dureza que a un adulto.
La primera parte del episodio uno está pensada para que empaticemos y sintamos lástima por Jamie Miller. Como he mencionado, por más crimen y delitos de los que se le acuse, no deja de ser un niño. Los creadores de la serie querían que viéramos eso primero para que, a pesar de los acontecimientos futuros, no perdiéramos de vista que, hasta hace bien poco, Jamie estaría jugando con coches de carreras o muñecos. Es un movimiento ejecutado de forma impecable, ya que, si percibes al acusado como víctima, las revelaciones y la desenvoltura de la trama te generarán un cóctel molotov de emociones.

Nosotros partimos de la base de que Jamie es inocente. Solo porque él lo dice, puesto que aún no conocemos a su personaje lo suficiente como para formarnos juicios. Sus padres acompañan a los espectadores en sus creencias por tres sencillas razones. Primero, porque, como el público, opinan que Jamie no es más que un niño. Segundo, porque le conocen lo bastante como para saber que su hijo jamás cometería una atrocidad semejante. Y, tercero, porque es su hijo.
El interrogatorio
La escena del interrogatorio es, junto con la futura entrevista de la psicóloga a Jamie, de las mejores de la serie. Se trata de un mismo plano; simple, monótono y poco ambicioso. Pero, a pesar de transcurrir en una sola ubicación y con la presencia de cinco personajes, tiene mucha más miga, interés y está mejor rodado que varias películas que hay en cartelera actualmente. El inspector Luke Bascombe y la detective Misha Frank (Faye Marsay) bombardean a Jamie pregunta tras pregunta sin cuidado, pena o sensibilidad. Si en ese instante te preguntas por qué no le muestran un poco de piedad, después entiendes que es porque Bascombe y Frank saben hacer bien su trabajo.

Jamie es representado por el abogado de oficio Paul Barlow (Mark Stanley) y escoge a su padre como adulto responsable para que le acompañe y supervise el interrogatorio y la investigación. Paul le aconseja que responda a todas las preguntas de la noche del crimen o a aquellas que le resulten incómodas con un mero; “sin comentarios”. Jamie se lo toma al pie de la letra y se enzarza en una defensiva batalla verbal contra los agentes. Los policías, que son perfectamente conscientes de lo que hacen y que saben a dónde quieren conducir al acusado, empiezan interesándose por sus calificaciones escolares, sus amigos y acaban sacando a colación las relaciones y la orientación sexual de Jamie.
El chico, que al principio se mostraba muy reacio y hostil, termina hablando de sus mejores amigos. Ryan (Kaine Davis), Tommy y Jamie son compañeros de clase y quedan con bastante frecuencia. Los policías se interesan por saber qué hacen cuando quedan los tres juntos. Le enseñan una serie de publicaciones de Instagram y comentarios de índole agresivo y sexual realizados por el mismo Jamie. Entonces, cuando tienen a Jamie contra las cuerdas, hablan de Katie Leonard. Katie era una compañera de clase de Jamie y la víctima en cuestión del caso.
Bascombe y Frank se esfuerzan por ordenar cronológicamente las imágenes de las cámaras de circuito cerrado. Se las ponen delante a Jamie, Paul y Eddie. En ellas se reconoce a Jamie, vistiendo las Air Max blancas que la policía sustrajo como evidencia, paseando con Tommy y Ryan, después solo y más tarde por el mismo sitio en que se encontró el cadáver de Katie. La policía también tiene un vídeo de Katie y Jamie peleándose y forcejeyando en el mismo lugar donde aparecería posteriormente su cuerpo.
Los investigadores tienen todo el material necesario para acusar y encerrar a Jamie Miller, aunque él se empeña en seguir asegurando que es inocente. Katie Leonard fue apuñalada en varias ocasiones hasta la muerte. El arma homicida no se encontró en la escena del crimen y la ropa que Jamie llevaba en el vídeo tampoco apareció en su casa. La policía sostiene que Jamie se deshizo de sus prendas y del cuchillo. El niño, cuando ve lo que se le viene encima, se echa a llorar. Su padre permanece serio y Paul Barlow recoge sus bártulos para marcharse.
El crío de trece años, que parecía tan inocente e inofensivo al inicio del capítulo, es un presunto asesino. La caracterización y actuación de Jamie Miller está tan lograda que, incluso después de todas las pruebas y evidencias que los agentes exponen, yo seguía convencida de que el chico no era culpable. Y eso que, mirándolo en retrospectiva, la fachada y las mentiras de Jamie se fueron desmoronando poco a poco y cayó en varias contradicciones. Aun así, y no solo porque la elección del actor esté muy bien hecha, Jamie da la impresión de ser una buena persona, un niño considerado, amable y educado.
El instituto
Unos días después del interrogatorio y la reclusión de Jamie Miller, Frank y Bascombe se dirigen a su instituto para continuar con la investigación. Piden la colaboración de los alumnos y profesores. Interrogan a Tommy y a Ryan, ejerciendo más interés y presión en el último. Ryan es un niño de carácter sarcástico y burlón, el típico payaso de clase. Tommy, aunque consciente de los hechos y la situación, no tiene nada que ver con la muerte de Katie. Ryan, sin embargo, sabe más de lo que deja entrever.
El hijo de Luke Bascombe, Adam, asiste al mismo instituto al que van Jamie, Ryan y Tommy. En el segundo episodio aprendemos un poco más sobre la vida de Luke y su relación con su hijo. El inspector es un hombre obsesionado con el trabajo. Por consiguiente, no es un padre tan cercano y presente como debería. De un modo más bien torpe conversa en privado con su hijo y Adam le confiesa que Jamie, Ryan y Tommy sufrían bullying por parte de Katie y otros compañeros de clase. Parece haber todo un lenguaje oculto tras los distintos emoticonos y colores que los jóvenes utilizan en los comentarios de Instagram. Adam intenta explicárselo a su padre y a Luke le cuesta seguirle el ritmo.
Katie Leonard y algunos compañeros más se burlaban de Jamie y le acusaban de ser un incel. Este término se refiere a los hombres que son incapaces de mantener relaciones románticas o sexuales con mujeres. Luke se queda igual de sorprendido que yo por el uso del lenguaje y el acceso a la información de unos chiquillos de trece años. Pero, agradece el conocimiento que le proporciona Adam y lo incorpora a su investigación.

Ryan recibe una paliza a manos de Jade, una de las amigas de Katie, que se altera y le acusa de haber participado en el asesinato de su amiga. Cuando Bascombe se dispone a interrogar a Ryan en solitario, este se escapa por la ventana del aula y da inicio a una persecución muy sufrida por parte del policía, ya que, tal y como dice él, hacía mucho tiempo que no tenía que correr tanto. Lo importante del intercambio de palabras entre Ryan y Luke es que Ryan admite que el cuchillo que se usó para acabar con la vida de Katie Leonard era suyo. Aunque, dice no conocer el paradero del arma y asegura que él no la mató.
La psicóloga
En el tercer episodio se desarrolla una de las escenas que más tensión me generó. Jamie ha sido recluido en un centro de menores, que él define como psiquiátrico, a espera de la fecha del juicio. Como la investigación sigue en curso, han enviado a una psicóloga infantil para que le haga un perfil psicológico y estudie su evolución. Briony Ariston (Erin Doherty) es la encargada de evaluar el estado de Jamie y de redactar un informe favorable o en detrimento del chico. El capítulo dura exactamente 53 minutos, sin contar los créditos, y transcurre como si fuera una exhalación.
Briony es una mujer pragmática, profesional y de mantener la compostura incluso cuando le asaltan imprevistos. En la que, para nosotros, es su primera visita a Jamie, nos queda claro que no es la primera sesión que agendan. También se nos especifica que Briony no es la primera terapeuta en tratar con Jamie. Aunque, no sabemos por qué los otros psicólogos dejaron de verle. Al principio parece que se entienden bastante bien. Briony es una profesional cercana, experimentada, cuidadosa e interasada por su trabajo y por la salud del paciente. Jamie se codea con ella como si fuera una de sus amigas del patio del colegio.
Jamie habla con cierta libertad con Briony y se olvida de controlar cada palabra que brota de su boca. El problema es que, cuando ella formula determinadas preguntas o toca algunos temas sensibles, él se pone agresivo y nervioso. Briony ahonda en el apartado familiar y de las relaciones. Quiere saber si Eddie Miller ha sido violento verbal o físicamente con su esposa e hijos, si Jamie ha tenido novia o si se ha sentido atraído por alguna chica, si ha sido acosado o marginado por compañeros de clase y si alguna vez ha pensado en hacer daño a alguien. Presiona mucho a Jamie en el asunto de la autoestima. Se interesa por la percepción que Jamie tiene de sí mismo; si se ve feo o guapo, si cree que podría gustarle a las chicas o si hace todo lo que hace para destacar y llamar la atención.
Aquí, Briony, da justo en el centro de la diana. Parece que el origen de todos los problemas y complicaciones de Jamie está en la pobre y escasa estima o consideración que tiene de sí mismo. Ella saca su libreta para tomar apuntes y continúa interrogando a Jamie. Le realiza una pregunta y luego otra completamente distinta. Por ejemplo, le pregunta sobre sus calificaciones escolares y después sobre qué piensa de las relaciones sexuales. En mi opinión, lo que intenta es distraer al chico y desviar su atención para que él escupa verdades sin ser consciente de ello. Al final es lo que ocurre, ya que Jamie insulta a Katie Leonard y, prácticamente, admite haberla asesinado. Cuando se da cuenta de lo que ha dicho, intenta retractarse y argumentar que era una mentira.

Como espectadora, me impactó presenciar los abruptos cambios de humor y personalidad que sufre Jamie. Ya no es el niño frágil e inocente del capítulo uno, ahora se le percibe como un presunto asesino. Nuevamente, me sorprendió la actuación de Owen Cooper, porque en este capítulo tiene varias escenas que no deben de ser fáciles de rodar. Pasa de estar relajado conversando con Briony a alterarse y derribar la silla contra el suelo y, posteriormente, a pedir disculpas. Erin Doherty ofrece una interpretación buenísima como actriz y Briony Ariston demuestra ser una profesional de la cabeza a los pies.
La psicóloga sabe mantener la calma y controlar sus emociones cuando Jamie se exalta y llega a lanzarle amenazas. Termina su sesión, recoge sus bártulos y se despide de su paciente, ya que será la últina vez que se vean. Jamie se desespera, le pide que no se marche y le hace una pregunta tan curiosa como estúpida; «¿yo te caigo bien?«. Antes de que Briony salga por la puerta, la insulta y la advierte de que no comparta con nadie todo lo que la ha contado.
Yo saco en claro tres cosas. Primero, Jamie tiene un problema de control de la ira y de autoestima, porque está obsesionado con la percepción que otros tienen de él. Segundo, parte de los problemas de Jamie vienen de su familia y de la manera en que ha sido educado. Y, tercero, Jamie es culpable de la muerte de Katie Leonard. Al cierre del tercer capítulo muere toda la empatía y lástima que pudiera albergar por su personaje.

Unas consecuencias devastadoras
El cuarto y último episodio es, sin duda, el mejor. Es uno que se me hizo especialmente difícil de ver. Saltamos trece meses en el tiempo. Jamie sigue encerrado a espera de juicio y su familia sufre las consecuencias del crimen. Nos situamos en la mañana del cincuenta cumpleaños de Eddie Miller. El día empieza bien. Eddie se levanta, saluda a su mujer e hija, desayuna, bromea de forma distendida y abre una tarjeta de felicitación de Jamie. Luego sale al patio y ve la furgoneta de su trabajo. Algún gamberro le ha hecho una enorme pintada acusatoria que dice; «Pederasta«. No sabemos si se refieren a Eddie o a Jamie.
En ese momento se abren dos frentes o dos puntos de vista distintos; el de Eddie y el de su familia. Por un lado, Manda Miller está harta y cansada de la situación y quiere que Eddie deje el trabajo y que se muden a otra ciudad. Lisa, aunque no lo expresa en voz alta, apoya a su madre. Por otro, Eddie se niega a abandonar su vida, su empleo y su casa solo porque otros deseen que desaparezca del mapa. Eddie Miller, que demuestra ser el cabeza de familia o la persona que toma las decisiones, intenta limpiar el acto de vandalismo de la furgoneta con una esponja y agua. Cuando ve que la pintada no se borra, les pide a Manda y Lisa que se vistan para ir a pasar el día fuera.
Los tres se montan en la furgoneta y se dirigen a un supermercado a comprar el material necesario para limpiar el grafiti. A continuación, los acontecimientos se disparan de manera catastrófica. Uno de los trabajadores de la tienda reconoce a Eddie como el padre del chico que mató a una niña y le muestra su apoyo. Eddie le ignora como puede y le dice que solo ha venido a comprar pintura. En el aparcamiento, se topa con los dos responsables de la pintada y sale corriendo tras ellos. Después de gritarles y arrojar sus bicicletas por los aires, lanza el cubo de pintura sobre el grafiti de la furgoneta. Finalmente, tras un día entero de inconvenientes, problemas y pruebas de paciencia, vemos a Eddie Miller perder los papeles.

La intención del cuarto capítulo no es otra que ilustrar como es un día normal y rutinario en la vida de los Miller tras la detención de su hijo. Nos permite conocer en más profundidad a Eddie, Manda y Lisa. Manda es una madre y esposa que solo busca lo mejor para su familia. Lisa es una hija decente, que quiere y respeta a sus padres. Eddie es un poco más complicado. En el primer episodio no se nos dio la oportunidad de averiguar más sobre su personaje, ya que trataba sobre Jamie. Las conclusiones que yo extraje fueron que Eddie era un buen padre y un hombre muy trabajador que haría cualquier cosa para proteger a su familia. Llegando al cuarto episodio, mi percepción varía.
Sabemos que la vida de Eddie Miller no ha sido sencilla. Tuvo un padre duro, violento y agresivo y se propuso no ser como él. Se esforzó por estar presente en la vida de Jamie, por entenderle, cuidarle y cubrir sus necesidades lo mejor posible. Sin embargo, su comportamiento demuestra lo contrario. Eddie es una persona a la que le gusta controlar su vida y la de quienes le rodean. Cuando las cosas no salen como él ha planeado o como él quiere, se enfada. No hay más que analizar las discusiones que mantiene con Manda o con Lisa. Él impone su juicio y opinión y, si ellas no están de acuerdo, discuten hasta que él se acaba saliendo con la suya. Si volvemos la vista atrás, este es el mismo patrón de comportamiento del que Jamie hace gala en sus sesiones con la psicóloga.
Centrándonos al cien por cien en el personaje, entiendo que Eddie no quiera abandonar su vida y renunciar a todo lo que ha construido. Eso no le convierte en un agresor o en una mala persona. Pero, en su corta de miras y trágica fijación, obvia por completo los sentimientos y las necesidades de su esposa e hija. No pienso que Eddie Miller sea un hombre violento o un maltratador. Aunque, sí que creo que era lo que nos querían dar a entender. A mí juicio, Eddie es una víctima más; de su padre, de la vida, del escarnio social y del imperdonable crimen de su hijo. Eddie hace lo mejor que puede con lo que tiene. No quiere abandonar a Jamie y tampoco desechar su vida por un delito que él no ha cometido.
Eddie, al igual que Jamie, habrá heredado manías y tendencias de su padre. Pero, basándome en lo que nos muestran, no pienso que sea justo afirmar que es una mala persona o el culpable de los actos de Jamie. De cara al final del capítulo, Eddie sufre una ruptura absoluta cuando Jamie le confía por teléfono que va a cambiar su declaración. Quiere declararse culpable. Una decisión que me parece coherente y acertada y que prueba que ha tenido tiempo para recapacitar y reflexionar sobre sus acciones. Sin embargo, ese hecho para Eddie es como una patada en el estómago. Han estado esforzándose, aguantando, apoyando y protegiendo a su hijo para que, finalmente, se resigne a entrar en prisión. Que sea lo correcto no quiere decir que sea fácil de aceptar.

Manda y Eddie realizan una última reflexión sobre si ellos son los culpables del destino de su hijo. Aunque de forma objetiva es evidente que no tienen la culpa, es lógico que se sientan así, ya que son quienes le han criado y educado. Ambos se preguntan si han hecho algo mal, si podrían haberlo hecho mejor y si son responsables de que Jamie haya arrojado su vida por la borda. Recuerdan la infancia de Jamie y lo buen niño que era hasta que comenzó a cambiar poco a poco. Como todo preadolescente, dejó de compartir tanto tiempo con sus padres y empezó a encerrarse en su habitación con el enemigo número uno del siglo veintiuno, la pantalla.
Conclusión
Las moralejas o lecciones de Adolescencia son diversas. Con esto no quiero decir solamente que existan varias, sino que cada quien puede interpretarlas de un modo diferente. La más clara es la de los efectos que producen las redes sociales, el amplio mundo de internet y el abuso de la tecnología en la juventud. Jamie es responsable de sus actos, pero no deja de ser un crío. Está entrando en una edad muy complicada y, además, es una persona influenciable. La utilización de conceptos adultos, la discriminación por parte de sus compañeros de clase y la presión social de no ser percibido como un chico popular, sino como un raro, acaban por afectar y trastornar a Jamie. Sin embargo, Jamie Miller sigue siendo su propia persona y puede controlar sus pensamientos y acciones y acaba pagando por ello.
El mensaje de que Jamie quiera declarse culpable y de que, independientemente de su intervención en el juicio, no sea absuelto del crimen por tener trece años es muy positivo. Por más que Jamie no cuente con la edad necesaria para ser considerado un adulto, ha matado a una persona y eso no puede quedar impune. Jamie asesinó a sangre fría a su compañera de clase, Katie Leonard, y debe pagar las consecuencias por haber acabado con una vida inocente. Aquí no se discute si Katie era una acosadora, buena o mala persona o si le hacía bullying a Jamie. Se expone que el cadáver de Katie Leonard fue hallado con cuantiosas puñaladas, porque alguien se ensañó con ella, y que su vida terminó de golpe y porrazo.
Para mí, la reflexión más valiosa no tiene que ver con el personaje de Jamie. Adolescencia emite un gran comunicado de que los padres no nacen sabiendo ser padres. Al igual que tú no sabes conducir cuando te apuntas a clases de conducción o que no sabes hablar cuando pronuncias tu primera palabra. La paternidad no es una materia que se enseñe en el instituto o una faceta que venga implantada por defecto en nuestro cerebro, es algo que se aprende con el tiempo. Muchos dicen que a más de uno se le debería de pedir un carnet para ser padre. Estoy de acuerdo, pero no creo que sea el caso de los Miller.
Eddie Miller aprendió a cómo no ser padre de su propio progenitor e hizo cuanto estuvo en su mano para tratar de ser mejor. Y, aun así, su hijo acabó asesinando a una niña. Los padres responden por sus hijos, pero no siempre deben pagar por ellos. El dicho de que todos pagan justos por pecadores se aplica a Jamie, no a su padre. Esto me conduce a una reflexión general sobre la vida. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos, pero no podemos controlar ni el resultado final ni las acciones o decisiones de terceros.
La serie tiene un desenlace coherente con sus enseñanzas. Expone los temas desde el respeto, el cariño y la educación y nos cuenta una historia que podría haber sido diferente. La recomiendo para aquellos que, como a mí, les guste reflexionar sobre cuestiones morales, éticas o existenciales. Cada uno saldrá de Adolescencia con sus propias conclusiones y eso es lo maravilloso de series como esta. Te hacen pensar y plantearte determinados dilemas, como las acusaciones y el crimen de Jamie, los factores externos y las consecuencias que sufren los Miller, aunque no los hayas vivido en carne propia.
Lo Mejor:
- ✅ El hecho de que la serie esté filmada en plano secuencia le proporciona un aire de continuidad muy satisfactorio.
- ✅ La caracterización y complejidad de los personajes.
- ✅ La reflexión y el mensaje que nos deja la serie.
Lo Peor:
- ❌ Los saltos temporales que se producen en algunos episodios rompen un poco esa sensación de continuidad.
- ❌ No se muestra nada relacionado con el entorno de la víctima (sus padres, familiares...).
- ❌ La serie cierra algunas tramas y no las retoma, ya que interferirían con el objetivo final que es lograr que cada episodio se grabe sin cortes.